28.2.10

Horizonte de toda asociación.

“La comunidad, como denominamos nuestro comportamiento, descansa en el trabajo, nunca en el discurso. El trabajo para la decisión (la asamblea), el trabajo para la coordinación (el cargo), el trabajo para la construcción (el tequio) y el trabajo para el goce (la fiesta).”1

A lo largo del tiempo las sociedades que han evolucionado, han sido reconocidas como comunidades, tal vez, modelo o que han sabido soportar las presiones de la población al querer una sociedad, casi perfecta.
Las comunidades, reconocidas principalmente por su unión, pueden considerarse como un límite al que tiende la asociación que se justifica en un vínculo ético.

En una sociedad en la que cada individuo se ocupa del bien personal tanto como del bien común, entonces no hay distinción entre el bien común y el bien individual: la asociación se ha convertido en una comunidad.

La comunidad es el horizonte de toda asociación cuyos miembros son capaces de negarse a sí mismos, en lo que tienen de individualidades excluyentes de los otros e identificarse con una realidad que los abarca.

1 Jaime Martínez Luna (1992) “La Asociación Política”, El Poder y El Valor. Luis Villoro.

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